Ultima actualización: marzo 2010

Artículos de Prensa e Investigación 
en relación a la meditación
  • La Inteligencia del corazón
  • Mente y corazón
  • Meditar y Depresión
  •  

    La Inteligencia del Corazón

    Leyendo el libro de Annie Marquier, “El Maestro del Corazón”, encontré datos muy interesantes que quiero compartir con ustedes porque nos sirven para reflexionar profundamente en la esencia de nuestro ser y, quien sabe, encontrar una gran clave. Resulta que ahora los científicos nos dicen que el corazón es inteligente, que tiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado, que a pesar de que la materia del corazón es diferente de la del cerebro se descubrieron en él más de cuarenta mil neuronas, y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo. Y con todo esto parece que puede aprender, recordar e incluso percibir.

    Pero aquí no para la cosa. Los investigadores han puesto de manifiesto la existencia de cuatro clases de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro:

    1. neurológica, mediante la transmisión de impulsos nerviosos
    2. bioquímica, mediante hormonas y neurotransmisores
    3. biofísica, mediante ondas de presión
    4. energética, mediante interacciones electromagnéticas

    Por la vía neurológica el cerebro del corazón puede influir en el cerebro de la cabeza, es decir, en nuestra manera de pensar y de ver las cosas, en nuestra percepción de la realidad y en nuestras reacciones, especialmente las emocionales. Empezamos a sospechar que cierto dominio emocional que vemos en ciertas personas excepcionales no procede del control que ejerce el intelecto; bien sabemos que ante las grabaciones del subconsciente, poco puede hacer el intelecto. Sabemos que tenemos que manejar nuestro cuerpo emocional, pero saberlo no es manejarlo. Y queremos seguir lo que dicen nuestros guías, o los libros de los Maestros, pero el intelecto no nos ayuda. Ahora los científicos nos hablan de otro cerebro, el del corazón. Otra forma de inteligencia que podríamos llamar la INTELIGENCIA DEL AMOR. Esa inteligencia que proviene del Maestro Interno, del Alma y que tiene su sede en el corazón.

    Y nos siguen informando los científicos… en relación a la comunicación bioquímica del corazón al cerebro, se demostró que el corazón es el que produce la hormona ANF, que asegura el equilibrio general o “homeostasis” y uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés, en especial el cortisol. Además el corazón segrega su propia adrenalina cuando la necesita. También produce la occitocina, llamada la hormona del amor y la libera en grandes cantidades cuando nos encontramos en un estado afectuoso.

    En relación a la comunicación biofísica, se ha observado una relación directa entre la presión sanguínea, la respiración y ciertos ritmos del sistema nervioso autónomo.

    Y en cuanto a la comunicación energética nos dicen que el campo electromagnético del corazón es 5.000 veces más intenso que el del cerebro y más potente que cualquier otro órgano del cuerpo. Produce de 40 a 60 veces más bioelectricidad que el cerebro. Y lo más interesante es que el aspecto del campo magnético del corazón cambia en función del estado emocional. Cuando sentimos miedo, estrés, frustración, enojo, etc. se vuelve caótico; en cambio, cuando se experimentan emociones como la gratitud, la compasión, el perdón, etc. toma un aspecto ordenado y se obtiene lo que se llama un “espectro coherente. Este campo se extiende entre 2 a 4 metros alrededor del cuerpo, permitiendo a todos los que nos rodean recibir la información energética contenida en nuestro corazón.

    El amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente que nos permite vivir desde el corazón, en unión con nuestra naturaleza divina en la profunda unidad con todo lo que existe. Observa como la fraternidad, la compasión, la bondad, el respeto, la creatividad y el genio creador, es decir, los pensamientos y sentimientos elevados son manifestaciones de la unidad en la que vivimos, mientras que las emociones negativas son manifestaciones de la separatividad.

    Cuando vivimos reconociendo que somos uno con todo lo que existe, que no es otra cosa que ver a Dios en todo, los dos osciladores del cuerpo que son el cerebro y el corazón, vibran en perfecta sincronicidad y como consecuencia envían a todo el cuerpo órdenes coherentes, eficaces, inteligentes y totalmente adecuadas a las necesidades del momento.

    ¿Qué tenemos que hacer para despertar la inteligencia del corazón de manera que pueda tomar el comando de nuestras vidas?

    Nos dicen los científicos que tenemos varios circuitos por medio de los cuales nos llega información que ocasiona respuesta en nosotros. El primario, que es completamente inconsciente, y nos permite salir huyendo de una situación de peligro sin tener que reflexionar. Luego el inteligente, que nos permite el razonamiento y el tercero, una mezcla de los dos, en donde los recuerdos del inconsciente se activan y producen reacciones que pasan por la corteza, “el inteligente” y ésta de alguna manera los justifica. El Maestro DK lo llamaría, pensamientos emocionales o kama manas. Ahora la ciencia nos presenta otro circuito que va del corazón a la cabeza y ahí está la clave. El cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza los centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas, este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad. Su inteligencia no separa sino que une, reconociendo en todo momento la gran red de vida en la que estamos todos. Es la conexión cósmica que la inteligencia divina nos ha legado para que podamos recuperar nuestro origen divino y nuestra sabiduría esencial. Es la forma de tener una mente iluminada, o como dicen algunos, “resplandor en el cerebro”.

    ¿Y cómo activar éste circuito?

    Viviendo desde el corazón. Cada pensamiento, cada emoción, presentarla primero al corazón y ver si está en armonía con el Amor que allí se encuentra. Hay que trascender los deseos personales y aprender a vivir según la intención del corazón, que es la intención de tu Ser Interno.

    El impedimento mayor que tenemos hoy en día son las memorias grabadas en nuestro inconsciente que se activan cada vez que son estimuladas. Busca ser testigo de ti mismo, de tus propias reacciones para que puedas verlas, porque cuando se ven, se van. Para ello tienes que asumir la plena responsabilidad de tus emociones, agradables o desagradables, decidir no culpar a nadie por tus reacciones emocionales y reconocer que el verdadero origen de tus reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior sino en tu interior.

    Hay un camino hacia el Corazón que ha sido anunciado por todos los Maestros, haríamos bien en recordarlo: Cultiva el silencio, haz contacto con la Naturaleza , vive periodos de soledad, medita y contempla, busca la verdadera belleza, vive con sosiego y quietud, cuida tu entorno vibratorio, recupera el sentido de lo sagrado, recupera la inocencia al no juzgar, reconoce las sincronicidades en tu vida, trabaja en grupo, coopera, vive con sencillez, escucha.

    Ten presente que tu Corazón tiene una inteligencia superior, escúchalo y pregúntale cuando no sepas que hacer.

    Gentileza, Betty Varela

     


    MARIO ALONSO PUIG: LO QUE EL CORAZON QUIERE, LA MENTE SE LO MUESTRA ( Por Ima Sanchís)

    Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

    “un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas”

    ENTRENAR

    Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

    “Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente.

    MARIO ALONSO PUIG :Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas. Soy católico. Acabo de publicar Madera líder (Empresa Activa)

    -Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?

    -Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
    -¿Psiconeuroinmunobiología?

    -Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.

    -¿De qué se trata?

    -Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.
    -¿Qué tipo de cambios?

    -Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.

    -¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?

    -Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.
    -¿Cambiar la mente a través del cuerpo?

    -Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.

    -¿Dice que no hay que ser razonable?
    -Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
    -Exagera.

    -Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.

    -Más recursos…

    -La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.

    -¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?

    -Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

    -¿Seguro que no exagera?

    -No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

    -¿Hablamos de filosofía o de ciencia?

    -Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
    -¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?

    -Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.

    -¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

    -El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.
    -La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.

    -Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad
    primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.
    -Deme alguna pista.

    -Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.
    -Ver lo que hay y aceptarlo.
    -Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

    Entrevista aparecida en La Vanguardia Digital, de España.
    Colaboración de Johnny Rosales



    ***

    Meditar puede ser tan efectivo como medicarse para combatir la depresión

    Londres, 30 nov, 2008 (EFE).- Meditar puede resultar tan efectivo o más que medicarse para hacer frente a la depresión, según un estudio realizado por la Universidad de Exeter (Reino Unido).

    El estudio se ha basado en técnicas de meditación budista y su resultado es un tratamiento bautizado como "terapia cognitiva basada en la plena consciencia" (MBCT por sus siglas en inglés), que propone una alternativa natural a los antidepresivos químicos.

    La meditación propone a los pacientes centrarse en su existencia presente, en vez de obsesionarse con el pasado y el futuro, afirmó el profesor Willem Kuyken, director del estudio, que publica este lunes la revista "Journal of Consulting and Clinical Psychology".

    Kuyken, que trabaja en el Centro de Trastornos de la Conducta de la Universidad de Exeter, explicó que se escogió a dos grupos de personas con un largo historial depresivo, a uno de los cuales se trató con los medicamentos habituales y al otro con la terapia zen.

    Ambos tratamientos se prolongaron durante ocho semanas, tras las cuales se dejó pasar un periodo de 15 meses al término del cual se constató que un 60% de quienes se trataron con antidepresivos habían recaído, frente a un 47% de recaídas entre quienes habían meditado.

    El profesor Kuyken señaló que los antidepresivos "funcionan mientras se toman y son muy eficaces a la hora de reducir los síntomas de la depresión", pero añadió que "cuando la gente deja de tomarlos se es extremadamente vulnerable a una eventual recaída".

    "La terapia MBCT propone un enfoque diferente; enseña a la gente habilidades prácticas. Lo que hemos demostrado con este estudio es que, cuando los pacientes se esfuerzan, estas habilidades de meditación les ayudan a mantenerse en buenas condiciones", aseguró.

    Para Kuyken, se trata "de una opción viable para buena parte de las personas con esta enfermedad" y abre una vía mucho menos costosa para los servicios sanitarios, que podrían rebajar su factura farmacéutica y podrían tratar a más pacientes a la vez.

    El estudio ofrece el testimonio de Di Cowan, un profesor de matemáticas de 53 años que tomó antidepresivos durante 15 años antes de unirse al grupo de meditación objeto del estudio.

    Cowan explica que practica técnicas de meditación cuatro o cinco días a la semana, que le han ayudado "inmensamente".

    "Me han procurado la capacidad para levantarme frente a cosas que antes me habrían derribado, pensar en cómo superarlas y obtener una solución para seguir adelante", indicó este paciente.

El budismo y la conciencia

Antoine Lutz y Diego Cosmelli, discípulos de Francisco Varela

Tienen en común sus 33 años, su pasión por la biología y haber compartido a Francisco Varela como maestro. El francés Antoine Lutz es doctor en Ciencias Cognitivas, y en el Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin estudia las reacciones de los cerebros de monjes tibetanos entrenados en meditación e introspección. El doctor Diego Cosmelli trabaja en el Laboratorio de Neurociencias Cognitivas del Departamento de Siquiatría de la Universidad Católica.

¿Qué regiones del cerebro, relacionadas con el bienestar o la felicidad, se activan en las experiencias con monjes budistas?

–Antoine Lutz (A.L.): No hay sólo una región cerebral que se active con el bienestar. Y además hay muchos estilos de meditación, de los cuales se espera que produzcan efectos distintos sobre la mente. Una meditación, por ejemplo, busca entrenar la concentración. Ahí lo que importa es la capacidad de entrenar y calmar la mente. En ese caso se ve que se activan circuitos cerebrales que están asociados principalmente con la atención. Otro tipo de meditación busca generar un estado de compasión, actitudes altruistas. En ese caso se activan regiones del cerebro relacionadas con emociones positivas, pero también una zona que reacciona cuando alguien se acerca o se aleja de hechos que dan miedo o que atraen fuertemente. Cuando se practica la meditación que genera compasión, hay una activación preferente del lado izquierdo del cerebro. Se activan regiones relacionadas con la intención motriz de acercarse a otra persona, de establecer contacto social con el otro. Y también se activa la ínsula, una región cortical que está muy oculta y que está asociada a la capacidad de sentir el propio cuerpo.

–¿Compadecer provoca felicidad?

–A.L.: Uno de los ejes del pensamiento budista está en entrenar un comportamiento orientado y dedicado hacia el otro. Así se reacondiciona la mente, eliminando o minimizando la costumbre de que esté enfocada en el propio ego. Para el budismo, uno de los orígenes del sufrimiento es la egolatría, el apego al propio ego. En realidad, la felicidad –de acuerdo a mi experiencia– dice mayor relación con una capacidad para enfrentarse a múltiples situaciones de manera óptima y adecuada. Y ello implica, por consiguiente, una activación colectiva de una serie de recursos personales que van a involucrar múltiples regiones del cerebro, no sólo una, para poder enfrentar la situación de la forma adecuada. PARE DE SUFRIR

–¿Qué hace que el doctor Varela y otros científicos decidan explorar con monjes budistas? ¿Por qué no con monjes católicos o talib musulmanes?

–Diego Cosmelli (D.C.): Francisco tenía un interés metodológico muy fuerte en el budismo porque se practica igual desde hace 2.500 años. Por tanto, el budismo tiene muy regularizado el “protocolo experimental” de cómo enfrentarse a una situación, y los monjes pueden llegar a una descripción muy acabada del fenómeno. Tienen un entrenamiento muy desarrollado de su capacidad de observar su propia mente. Y eso, en sí mismo, es muy interesante porque uno de los problemas en la neurociencia es que aquello que uno define como un estado mental es extremadamente cambiante. Pero ya sabemos que basta con entrenarse un mínimo en técnicas de meditación o en técnicas deportivas, me refiero a la disciplina del atleta, para que los estados mentales puedan sostenerse en el tiempo.

A.L.: Creo que en todas las religiones existe al menos una tradición contemplativa y quienes la practican obtienen resultados parecidos. Pero hay que reconocer que, en el budismo, la cuestión central es el sufrimiento humano. El punto clave es comprender el origen del sufrimiento y cuáles son los mecanismos para superarlo. Hablamos tanto de sufrimiento físico como sicológico. En ese sentido, el budismo tiene algo que decir sobre la felicidad, sobre la superación del sufrimiento, porque es su pregunta central. El otro punto relevante del budismo se refiere a la práctica. La felicidad tiene mucho que ver con la capacidad de conocerse a sí mismo. Y el budismo –como nos decía Francisco Varela– es un gran laboratorio de 2.500 años de antigüedad, en el cual mucha gente ha practicado de la misma manera y ha desarrollado invariantes….

–¿Qué es una invariante?

–D.C.: Algo que es regular dentro de tu experiencia, algo que se puede reconocer independientemente del estado de tu experiencia. Un ejemplo básico: cuando miras un objeto puedes describir con alta resolución el centro de ese objeto, pero la periferia de tu campo visual siempre es difusa. Si enfocas una palabra en el diario que estás leyendo y luego tratas de leer –sin mover los ojos– tres palabras a la izquierda o a la derecha, no lo puedes hacer. Ese es un ejemplo de una invariante. Pero, a su vez, es dinámica, puede cambiar porque si me entreno puedo mejorar mi campo resolutivo.

–A.L.: Así, el “laboratorio” budista, por mucho tiempo, ha generado una práctica del estudio de la mente. Y gracias a ese estudio pueden describir estados mentales –sobre la base de ciertas regularidades o invariantes– que son relevantes. Los monjes pueden compartir la información.

–¿Eso hace que un monje budista sea un colaborador, más que un “objeto” de observación?

–D.C.: Claro que sí. El rigor de la práctica budista, su entrenamiento mental, permite una descripción muy fina y acabada del fenómeno mental, descripción que puede ser “exportada” al dominio científico. ¿Por qué? Porque el científico la recibe más “limpia” y con más detalles. Una persona cualquiera tiene mucho “ruido” en su mente, muchas ideas inconexas unas de otras. Un monje budista elige un estado mental, ingresa en él y se queda ahí durante largo rato.

–¿Son quienes más han entrenado la mente entre los seres humanos?

–A.L.: En todas las tradiciones contemplativas hay personas que han llegado a estados máximos. Pero en los budistas hay un “saber hacer”, un know how mayor…

–D.C.: La tradición budista, como decía Francisco Varela, es explícitamente empírica. Allí se estudia la mente y cada monje participa con los demás en validar sus observaciones. Se genera un movimiento social muy interesante.

-¿Con efecto sinérgico?

–D.C.: Obviamente. Y así lo dicen los budistas: no es lo mismo una vela prendida que cien…

–Cuando un monje, durante la meditación, consigue el máximo nivel de mente quieta, ¿cómo se ve en el encefalograma?

–A.L.: Es una pregunta difícil y que está en curso, en desarrollo. Porque los métodos que utilizamos son de muy baja resolución respecto a la complejidad de los estados mentales. Los estudios que hemos publicado sugieren que existe una huella “dactilar”, una huella neuronal, de ciertos estados estables en el tiempo. Y eso se ve de cierta manera en el electroencefalograma, como un patrón de actividad estable en el tiempo.

MENTE Y CEREBRO

–El budismo habla de conciencia, la ciencia habla de cerebro. Hablamos de mente y cuerpo como cosas separadas. Eso confunde. ¿Está la conciencia, la mente, ubicada en el cerebro?

–D.C.: Esa es una pregunta central de la neurociencia. Pero no hay manera de asegurar que la mente esté sólo dentro del cerebro.

–A.L.: Pero se necesita del cerebro para tener una mente, para acceder a la mente.

–D.C.: En la perspectiva de Varela, atribuir a la conciencia una posición dentro del cerebro es un error de categoría. La conciencia es una propiedad del organismo, pero depende de sus regulaciones internas, de su capacidad de ser en el mundo, de moverse en el espacio y de interactuar con otros organismos. Uno de los últimos trabajos de Varela es justamente ése: hasta qué punto la mente es un proceso “deslocalizado”, que no está localizado en una parte específica del cerebro, sino que es un proceso que depende de múltiples ciclos biológicos. Depende del ciclo del organismo, del ciclo del sistema nervioso, para coordinar movimientos y percepciones en el mundo, y del ciclo de las interacciones entre sujetos, lo intersubjetivo. Hay una veta muy coherente, desde el inicio hasta el fin de sus investigaciones, que sostiene que la conciencia no es un algo, no es un objeto. Es un proceso…

–¿Esa tesis encaja con la percepción budista de conciencia?

–A.L.: Dentro del budismo hay muchas escuelas que difieren acerca de lo que es la conciencia y existen bibliotecas completas para describirla. Los budistas han ido muy lejos en este punto. Pero una idea clave del budismo, compartida por todas las tradiciones, es que el ego, ese ego autónomo, permanente e independiente con el cual uno se relaciona con el mundo… ¡es una ilusión! El budismo sostiene que lo que existe, en realidad, es un proceso interdependiente, insustancial e impermanente. Y en la neurociencia sostenemos que no existe un lugar puntual del cerebro donde esté la conciencia, sino que es un proceso distribuido y cambiante en el tiempo.

–Insustancial... ¿qué es eso?

–D.C.: Lo opuesto a la certeza de solidez. El ego cambia en el tiempo y en la interrelación con otros. Por eso es insustancial, no hay nada sólido que lo sostenga. Hay mecanismos que están en proceso, siempre cambiantes y que producen esa percepción ilusoria de ego. Esa es una de las paradojas de los organismos vivos. Punto central del trabajo de Varela es que los organismos vivos son paradojales. Son estructuras que establecen una identidad, pero están abiertas a la interacción con el mundo, interacción que las puede destruir, pero a la vez necesitan de esa interacción para establecer su propia identidad. LND

Como evitar la depresión

Un tratamiento que combina la terapia cognitiva con técnicas de meditación promete reducir el riesgo de recaída en la depresión.(14/03/06 - CyTA-Instituto Leloir. Por Florencia Mangiapane) Recientes estudios clínicos sugieren que una novedosa versión de la terapia cognitiva puede reducir en un 40% el riesgo de recaída en pacientes depresivos recuperados, según señala Mark Lau, del Center for Addiction and Mental Health, de Toronto, Canadá, en un artículo publicado en la Revista Argentina de Clínica Psicológica.En los últimos años, un creciente número de investigaciones demostró que la terapia cognitiva, utilizada en episodios agudos de depresión, tiene efectos positivos a largo plazo, superando a los fármacos. Ahora, los datos también sugieren que una versión de mantenimiento basada en la conciencia plena puede ser muy eficaz para tratar específicamente el problema de la recaída.La depresión es un trastorno que afecta al 15% de la población mundial, y se caracteriza por cambios cerebrales, anímicos y cognitivos, alteraciones del sueño y baja autoestima.

Esta “propensión a la tristeza”, que causa gran padecimiento tanto en quien la sufre como en su familia, es vista cada vez más como un desorden crónico y recurrente. La farmacoterapia y la psicoterapia son útiles en muchos casos, pero aun los pacientes que mejoran tienen alto riesgo de recaer: quienes se recuperan de una primera depresión, tienen un 50% de probabilidades de volver a padecerla. En los que ya pasaron por más de dos episodios, el riesgo de recaída trepa al 80%. Es por eso que, desde hace algunos años, los científicos intentan encontrar un tratamiento que ayude a evitar las recaídas.

La terapia cognitiva, nacida en los ’60 de la mano del doctor Aaron Beck, demostró desde el principio ser eficaz en el tratamiento de la depresión y la ansiedad. Hoy en día, su uso también se extendió al tratamiento de adicciones, angustia, fobias y conflictos de pareja.Para esta corriente, cuando evaluamos una situación, utilizamos esquemas que determinan nuestra reacción. Algunos de estos esquemas responden a predisposiciones genéticas, pero otros son resultado de experiencias previas. La terapia cognitiva complementa al enfoque médico, tratando de modificar los esquemas negativos aprendidos. Suele ser una terapia breve --enfocada al problema y su solución--, aunque apunta a prevenir futuros trastornos.

Según explica Mark Lau, a fines de los ’90, los estadounidenses Teasdale, Segal y Williams desarrollaron una versión de la terapia cognitiva específica para educar pacientes con depresiones recurrentes y así reducir el riesgo de recaída. El nuevo tratamiento, denominado “Terapia Cognitiva Basada en la Conciencia Plena”, intenta atraer voluntariamente la atención ‘viajera’ de estos pacientes, capturada por patrones de pensamiento negativos.“Cuando la atención ‘viaja’ en piloto automático por diversas imágenes, ideas, sensaciones y recuerdos negativos en forma de espiral progresiva, incentiva el malestar psicológico”, afirma el doctor Héctor Fernández Álvarez, presidente de la Fundación Aiglé y docente universitario de Psicología Clínica.

Los especialistas definen la conciencia plena como una toma de conciencia centrada en el presente, que consiste en tener en cuenta y aceptar sin prejuicios cada pensamiento, sentimiento o sensación que surgen, porque al intentar eliminarlos tienden a crecer.

Esta práctica permite responder con mayor capacidad reflexiva a las situaciones y evitar las reacciones automáticas habituales. En la medida en que se logra una actitud serena, es posible comprender la experiencia y otorgarle un significado diferente que alivie el padecimiento.El uso clínico de la conciencia plena es cada vez más frecuente en las psicoterapias cognitivo-conductuales, que incorporan técnicas de meditación originadas en prácticas espirituales budistas, como el Zen.

La representación más fuerte de esta corriente se da actualmente en Norteamérica, Gran Bretaña y en otros países de Europa, como España. “En la Argentina existen desarrollos en psicoterapia que integran la meditación y otras prácticas de Oriente, pero la integración de la terapia cognitiva con la conciencia plena corresponde a la llamada tercera ola de la terapia cognitiva, que se desarrolló especialmente en los últimos diez años y aún no floreció en Argentina”, explica el doctor Fernández Álvarez.

Una persona que se deprime suele experimentar un “vacío” persistente, pesimismo, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, cambios en el apetito, agotamiento, dificultad para concentrarse y hasta pensamientos suicidas.La clave de la Terapia Cognitiva Basada en la Conciencia Plena desarrollada por el equipo de Teasdale es producir un cambio en los patrones de pensamiento que se activan en momentos potenciales de recaída.“El objetivo es que el individuo serene el ánimo, descentrándose o distanciándose de sus pensamientos depresivos al punto de poder verlos como eventos pasajeros y no como reflejos de la realidad”, aclara Lau.La propuesta combina la meditación con la terapia cognitiva.

Los ejercicios de meditación apuntan a la elongación consciente, la percepción de las sensaciones que va experimentando el cuerpo y la toma de conciencia de la respiración y los pensamientos. En tanto, los ejercicios de terapia cognitiva están diseñados para demostrar cómo los propios pensamientos cambian con el estado de ánimo.

La primera etapa del tratamiento tiene como eje aprender a aceptar los propios pensamientos como condición indispensable para afrontar la experiencia personal. En la segunda parte, el tratamiento hace hincapié en la idea de que los pensamientos no son realidades e intenta desarrollar la habilidad de cuestionarlos. Además, se sugieren estrategias deliberadas para usar en momentos de potencial recaída.“En ese caso, la primera estrategia es estar atento a los signos iniciales de depresión y haber incorporado modos de responder a ellos, de manera que no los aumente o perpetúe.

Por ejemplo, considerar que los estados de tristeza y desánimo son parte de la vida y hasta pueden ser beneficiosos en ciertas circunstancias, para no incentivarlos exagerando la alarma, y también buscar modos de interpretar esos signos, en que no prevalezca una visión negativa”, comenta Fernández Álvarez.Según Lau, la eficacia de la novedosa terapia fue avalada por dos recientes estudios clínicos realizados por el equipo de Teasdale en Canadá e Inglaterra. Ambos estudios revelaron resultados similares. La Terapia Cognitiva basada en la Conciencia Plena redujo en más del 40% el riesgo de recaída a lo largo de 60 semanas en los pacientes con más de dos recaídas previas. En los pacientes con menos de dos recaídas el efecto fue el mismo que el de los tratamientos habituales. Además, se comprobó que el beneficio no era producto de un mayor uso de fármacos.

Lau concluye que la Terapia Cognitiva basada en la Conciencia Plena es eficaz para reducir la recaída depresiva, especialmente cuando las recaídas se producen sin que haya causas externas que las motiven, como la pérdida del empleo o de un ser querido.Si bien los resultados parecen auspiciosos, falta determinar si también influyen positivamente otros factores más generales, como la participación grupal y la atención terapéutica. Además, los investigadores tienen que confirmar en qué medida esta terapia es eficaz en las depresiones agudas, porque en estos casos la meditación se ve obstaculizada por problemas de concentración y motivación.

El yo, por Ignacio Ruiz Quintano

Con motivo de su salto a la fama en España, el crítico George Steiner ha expresado su temor a que los avances científicos alteren el estatuto de lo que antes llamábamos «yo». Los setenta, por ejemplo, fueron la Década del Yo. Pero, hoy, ¿a qué llamamos «yo» y dónde se encuentra? El norteamericano Bruce Miller, neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco, acaba de descubrir la sede del yo, ese pequeño argentino, decían, que todos llevamos dentro.

Pero si Mr. Miller no yerra, el yo, aunque pequeño, no es argentino, y se encuentra en una minúscula región del córtex cerebral —en adelante, el área de Miller—, «más o menos encima de la ceja derecha», curiosamente la que mejor enarcaba Kathleen Turner en «Fuego en el cuerpo». La historia del yo es, desde el oráculo de Delfos hasta el descubrimiento de Miller, la historia del hombre parado para mirarse a sí mismo. Es verdad que Konrad Lorenz siguió una pista del yo en los animales, y ponía el ejemplo del gallo, que con sus cacareos valora su yo desmesuradamente: «Cree que es el centro del universo. ¡Está tan orgulloso y es tan agresivo! ¡Es tan egoísta!»

Pero su amigo Karl Popper, aun admitiendo que en el curso evolutivo de los seres vivos las antiguas formas pueden persistir de algún modo, negó cualquier correspondencia entre el yo gallístico y el yo humanístico: «El gallo está en el hombre, pero el hombre no está en el gallo.» Esto, sin embargo, es meterse en el jardín de la filosofía, y Mr. Miller, que aspira a ser reconocido como el Rodrigo de Triana del yo, no es filósofo. «Soy un tío bastante simple», ha declarado Mr. Miller a la agencia Reuters nada más descubrir el área de Miller, es decir, la sede cerebral del yo, a cuyas puertas ha llegado Mr. Miller por el rastro de diversos experimentos con señores tan rarísimos que algunos, por ejemplo, siendo de derechas de toda la vida, se volvían, a la vejez, radicales de izquierdas. Y así. ¿Simple, Mr. Miller? No tanto. Mr. Miller dice estar tan familiarizado con la idea de que lo que llamamos yo no es más que la suma de todas nuestras conexiones neuronales que el hecho de haberlo encontrado le parece, y son sus palabras, «muy natural». ¿Y qué es lo «natural», sino aquello a lo que uno se acostumbra en la infancia? La infancia de Mr. Miller coincide con la de la neurociencia, o ciencia del cerebro y del sistema nervioso central, que, de dar crédito a Tom Wolfe, representa en América al ámbito más efervescente del mundo académico.

Los neurocientíficos, consagrados a perseguir el sueño de una teoría unificada, son, en general, tan deterministas como Einstein, para quien la indeterminación era sólo medida de nuestra ignorancia: «Cuando sepamos más, volverá el determinismo.» Y el determinismo ha vuelto con el alba de la neurociencia, cuyos sabuesos, como en el caso de Mr. Miller, ya han levantado la escondidiza pieza del yo. Este yo no parece ser el de la falacia cartesiana del «fantasma dentro de la máquina»: un yo, en fin, que cruza el cerebro —interpretando y dirigiendo sus operaciones— como la sombra del padre de Hamlet cruzaba por la terraza del castillo de Kromborg.

El yo de Mr. Miller se esconde detrás de una mata del córtex cerebral, pero no es un fantasma, aunque ocasiona, cuando se altera, trastornos en los gustos, en los valores y en la personalidad, hasta el punto de llevarte a votar progre siendo facha, o al revés. El descubrimiento de Mr. Miller supone el anuncio del fin de los egos. Adiós a la introspección. Adiós a los diarios íntimos y a las autobiografías. Adiós al libre albedrío. Adiós, ya ven, a los románticos. Únicamente los centristas estarán de enhorabuena: la era de la gente «hardware» —gente que abandona sus cerebros y los reemplaza por ordenadores— ya está aquí: «Ni tout à fait la même / ni tout à fait une autre.» Porque, una vez avistada la pieza, ¿cuánto tardará en imponerse la moda de hacerse extraer los yos, y con ellos cuarenta mil duros, como nos hacíamos extraer las amígdalas?


El eje y el yo. BENJAMÍN PRADO

El foco, el centro, el eje de la ciudad. Así es como describía William Faulkner los juzgados de Oxford, Misisipi. No está mal pensado: el corazón de un sitio puede ser, sin duda, el lugar donde se defiende y administra la ley, donde -al menos en teoría- se salvaguardan los derechos de los ciudadanos, se dirimen los pleitos, se castiga a los malhechores y se separan las manzanas podridas de las sanas.

Pero, si lo pensamos bien, nos daremos cuenta de que ésa no es una idea irrebatible; de que, en el fondo, el eje de una ciudad lo decide cada uno de sus habitantes, según cuáles sean sus intereses. Para el aficionado a la pintura, el eje de Madrid estará en ese triángulo mágico que forman el Museo del Prado, el Centro Reina Sofía y la galería Thyssen; para el amante del fútbol, no habrá más eje que el Santiago Bernabéu, el Vicente Calderón o cualquiera que sea el campo de su equipo; para el amante de la naturaleza, el eje será el Retiro, el parque del Oeste o la Casa de Campo; para el delegado del Gobierno en Madrid, el eje indiscutible de la capital está en los cuarteles de la policía, en las botas y porras con que los agentes disuelven, con extraordinario valor, a peligrosísimas amas de casa desahuciadas o temibles estudiantes universitarios.

Personalmente, me gusta más situar el eje de la ciudad en las personas que en los lugares. Para mí, el centro de Madrid está en la casa del maestro Francisco Ayala, donde a veces uno tiene el privilegio de ir a charlar un rato y a tomar una copa; o en la casa de Almudena Grandes y Luis García Montero, donde uno es siempre bien recibido; o en la librería Rafael Alberti, donde siempre es posible encontrar todo lo que quieres y algo más de lo que buscas; o en cualquiera de los bares o restaurantes donde uno queda, siempre que es posible, con Ángel González, Pepa y Pepe Caballero Bonald, Luis Antonio de Villena y el resto de los amigos. Por no hablar de los ejes migratorios o ejes a tiempo parcial, como pueden ser el sitio donde esa noche va a tocar Bob Dylan, o la sala donde va a leer sus poemas un escritor que te gusta, o el paseo de Recoletos, donde cada año por esta época ponen la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.

¿Qué otro lugar puede haber hoy mismo en Madrid, este mismo jueves, con un magnetismo semejante al que ejercen sobre muchos de nosotros algunas de esas casetas llenas de tesoros, de primeras ediciones, libros rarísimos o libros humildes pero buscados desde hace tiempo, que hacen temblar un poco las manos de quien los encuentra? El eje de la ciudad. El sitio sobre el que gira todo, desde el que todo se construye. El punto que convierte todo lo demás en simples alrededores. Pregúntenle a una persona cuál es para ella el centro de la ciudad y sabrán quién es. Pregúntenselo, por ejemplo, antes de casarse con ella. Es fácil e infalible. Ustedes le miran a los ojos y le preguntan: '¿Cuál es para ti el eje de la ciudad, cariño?' Y toman la decisión según lo que les conteste, dependiendo de si elige la Biblioteca Nacional o el Canódromo, los cines Alphaville o el Museo del Jamón. Así descubrirán, sin duda, qué clase de persona es ésa a quien están a punto de entregarle su vida.

Por cierto, que hay grandes novedades acerca de ese viejo tema de quiénes somos y por qué, de dónde, hacia dónde, hasta cuándo, para qué, etcétera, etcétera. Resulta que un neurólogo norteamericano dice haber descubierto la sede del yo. ¿Se dan cuenta? El yo, aquella cosa escurridiza a medio camino entre nosotros y nuestra sombra; ese laberinto que somos y del que a menudo no sabemos cómo salir. El yo, según el doctor Bruce Miller, está encima de la ceja derecha, situado en una diminuta zona del lóbulo frontal de nuestro cerebro.

Se me ocurre otra prueba para antes de casarse, un experimento basado en la teoría de ese neurólogo de la Universidad de California, San Francisco: le ponen a su pretendiente, por ejemplo, un tomo de Borges en la mano izquierda y un bocadillo de panceta en la otra y le sacuden un buen puñetazo en la ceja de Miller, a ver a cuál de las dos cosas se agarra su auténtico yo y cuál deja caer. Es importante saber esas cosas, descubrir cuál es nuestro verdadero yo y el de los demás, cuál es el eje en torno al que ocurre todo, del que parte todo. El eje es importante. Si sabes dónde está el centro, sabrás dónde quieres ir.


MEDITAR ES MUY SANO

La meditación se emplea desde hace más de 3.000 años. Durante mucho tiempo se consideraba una práctica reservada a los budistas, a seguidores de filosofías como el zen o incluso a personas con un cierto toque snob.

 La lista de adeptos a la meditación ha ido creciendo en los países occidentales en los últimos años hasta alcanzar una cifra que ronda los 10 millones solo en Estados Unidos. Estas personas, lejos de tratarse de fieles religiosos, son profesionales de todo tipo agobiados por el estrés, pacientes a los que sus médicos recetan unas sesiones de exploración interior para mejorar o prevenir el dolor o individuos interesados en profundizar en sí mismos y aprender a manejar sus emociones. Los estadounidenses pueden acceder a cursos o sesiones de meditación en los colegios, los hospitales, en instituciones oficiales y prisiones. El interés de los científicos por la meditación comenzó hace ya algunos años. En las décadas de los 60 y los 70 se había demostrado que el uso de estas técnicas proporcionaba una extraordinaria concentración. Un profesor de medicina de la Universidad de Harvard (EEUU), Herbert Benson, a través de sus investigaciones llegó a la conclusión de que la práctica milenaria contrarresta los mecanismos cerebrales asociados al estrés. Sin embargo, el verdadero salto, y sobre todo su divulgación masiva, han llegado de la mano de una colaboración muy peculiar. El decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso, ha puesto a disposición de los neurocientíficos occidentales su cerebro y el de sus monjes. De este modo, los religiosos se han visto con el cráneo repleto de electrodos de los sensibles instrumentos de que se dispone en la actualidad para fotografiar lo que ocurre en sus redes neuronales cuando practican la meditación.Efectos En esta aventura se embarcaron eminentes investigadores de numerosas instituciones. Uno de los más activos en los últimos años ha sido Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin, en EEUU. Sus trabajos no sólo se han hecho famosos por contar con un Nobel de la Paz como sujeto de experimentación, sino porque los resultados aportan datos interesantes y sorprendentes sobre la práctica milenaria. "Nuestros resultados indican que la meditación tiene efectos biológicos. Produce cambios en el cerebro asociados a emociones más positivas y mejoras en la función inmune", dijo el investigador. Daniel Goleman, autor de numerosos libros sobre inteligencia emocional y de "Emociones destructivas" fruto del encuentro del Dalai Lama con los científicos, explica que "lo importante es que la meditación cambia la base de las emociones" y añadió que los resultados de los experimentos "tienen importantes implicaciones para la gente a la hora de valorar sus beneficios". Los estudios neuronales demuestran un incremento de actividad en el lóbulo frontal izquierdo, que es la residencia de las emociones positivas. Al mismo tiempo se reduce el funcionamiento de la región derecha. Probablemente se preguntará en qué cambia esta realidad cerebral la vida diaria. Pues bien, los neurocientíficos han observado que las personas que emplean más la zona izquierda tardan menos tiempo en eliminar las emociones negativas y la tensión que pueden provocar, por ejemplo, un atasco o una discusión con el jefe. Este desequilibrio entre los hemisferios conlleva también una reducción del miedo y la cólera. Las investigaciones en los monjes budistas con años de experiencia en la meditación indican que éstos tienen una actividad significativamente mayor en el lóbulo izquierdo que las personas que no practican esta técnica. La duda que se planteaba en los estudios con monjes fue si sus cerebros ya eran de partida diferentes y por ello, los hallazgos resultaban tan llamativos. Para resolver el dilema, Davidson y su equipo decidieron investigar con personas de la calle sin experiencia alguna en las técnicas de meditación. Los resultados confirmaron que no es necesario ser un consumado meditador para disfrutar sus beneficios y que el cerebro de los monjes no era la causa de las observaciones. Los individuos que practicaban regularmente habían desarrollado, al igual que los religiosos, mayor actividad en el lado izquierdo del lóbulo frontal. Sin embargo, las excelencias de la meditación no se quedaron ahí porque los científicos comprobaron también en este grupo de voluntarios que el sistema inmune de aquellos que se habían entregado a la exploración interior era más potente que el de sus compañeros. Las posibilidades de la meditación están todavía por explorar. Davidson y su equipo tiene en marcha un trabajo con pacientes depresivos, "del que aún no tenemos resultados". Sin embargo, John Teasdale, de la Unidad de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Cambridge (Reino Unido), ya dispone de datos. Este investigador ha encontrado que la combinación de meditación introspectiva con terapia cognitiva reduce a la mitad las recaídas de los pacientes depresivos crónicos. En el Centro Clínico Essen-Mitte, en Alemania, los médicos han empleado durante cinco años un programa de meditación introspectiva antiestrés diseñado por Jon Kabat-Zinn, un investigador de la Universidad de Massachussetts y autor de numerosos libros sobre este tema, en casi 3.000 pacientes con todo tipo de patologías entre las que se incluye el cáncer. La experiencia no se planteó como un ensayo clínico, de modo que no existen datos objetivos de los resultados, pero los facultativos observaron que la mayoría de los individuos experimentaba mejorías significativas en su enfermedad.Tras el "conocimiento" de la existencia Hasta aquí algunos de los potenciales usos terapéuticos o preventivos de la meditación. Sin embargo, tanto el planteamiento budista como el de otras tendencias orientales en las que se emplea regularmente esta práctica va más allá. Su uso está asociado a un cambio de percepción de la realidad y a estimular los procesos de conciencia, algo que también interesa extraordinariamente a los científicos y que Goleman define como "conocimiento" de la existencia. Uno de los personajes que parece aprovechar este aspecto de la meditación para sus creaciones es David Lynch, el famoso director de la serie Twin Peaks o de películas como Terciopelo azul confiesa que consagra 90 minutos diarios a meditar desde 1973 y según recoge la revista Time añade: "Consigo más ideas en niveles de conciencia más y más profundos y además, tienen más claridad y poder". Lo que parece evidente es que este tipo de investigaciones se encuadran de lleno en la tendencia actual de lo que se denomina medicina integral o en un contexto más amplio, el estudio de la interacción mente-cuerpo. Después de siglos de divorcio entre estos dos aspectos que describen al ser humano, "los nuevos datos que proporcionan las neurociencias están matando el dualismo cartesiano", afirma Goleman. "El cerebro junta las emociones y los pensamientos. Los mismos circuitos que nos permiten pensar, nos permiten sentir", añade. Aunque explica que "el Dalai Lama insiste en que los científicos pueden saber todo sobre el cerebro, pero algunos niveles de conciencia no están limitados a este órgano". Quizá en las próximas décadas la neurociencia tendrá que traspasar los límites del cráneo.La mística de la red neuronal Los cambios cerebrales que produce la práctica habitual de la meditación tienen algunos puntos en común con los que se observan en el estado de iluminación o éxtasis místico. Lo cual no es extraño puesto que una de las vías para alcanzar el más alto nivel de abstracción es la meditación, como fue el caso de Buda, pero no es ni mucho menos el único. En Oriente y en Occidente. Desde las tribus africanas con sus danzas hasta Santa Teresa de Jesús entregada a la oración, pasando por el ascetismo de los yoguis y por los chamanes indios bajo los efectos del peyote, todos buscan alcanzar el éxtasis y con él entrar en contacto con su dimensión espiritual. En su libro La Conexión divina, Francisco J. Rubia, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, repasa todas las investigaciones realizadas al abrigo de una nueva disciplina denominada neuroteología, cuyo objetivo es desvelar los mecanismos neurobiológicos de las experiencias místicas. "La conexión divina se encuentra en ciertas áreas del lóbulo temporal", afirma Rubia. Al igual que ocurre con la meditación, esta región está desactivada en el momento del éxtasis. La consecuencia es la pérdida del sentido de unicidad y el sentimiento de unión con el resto de universo. Además, la estimulación del lóbulo temporal deja vía libre al mundo de las emociones y de la sensorialidad. Al mismo tiempo, se desconectan todos los circuitos cerebrales situados en los lóbulos parietales que limitan y clasifican todo lo que viene del exterior. Así, el individuo entra en un estado en el que percibe con extraordinaria intensidad y riqueza todo lo que le rodea. Se pierde el sentido del espacio y del tiempo y es frecuente que se visualicen imágenes extraordinariamente luminosas. Comparado con la meditación "la iluminación es un salto cualitativo", asegura Rubia y añade que se ha visto que la cualidad del éxtasis es un cambio de comportamiento inmediato en la persona que lo experimenta. "Se vuelve más compasiva", añade. Curiosamente ésta es una de las cualidades que destacan Davidson y Goleman de los budistas con los que han trabajado. En principio cualquier persona tiene la capacidad de vivir este tipo de experiencias espirituales profundas. Sin embargo, tal como señala Rubia, parece que la gran importancia que se ha dado, fundamentalmente en Occidente, al pensamiento racional y analítico ha adormecido los centros neuronales que sirven de enlace con esa otra realidad. Otras culturas, por el contrario, han dado un gran valor a esta capacidad y la han cultivado.El método para la abstracción Existen numerosos métodos para meditar, algunos de ellos procedentes directamente de las antiguas tradiciones y otros de creación más reciente surgidos de los anteriores. En general, se establecen dos grandes grupos de técnicas. Por un lado, las que emplean un objeto en el que fijar la concentración. Éste puede ser una palabra, un texto, la propia respiración o incluso, algo externo, como una vela. De este modo, se detiene el bullicio mental que normalmente nos acompaña y se logra un estado de calma y relajación. Un ejemplo de este tipo de métodos es la meditación trascendental. Cuando una persona aprende la técnica, el instructor le proporciona una palabra que se denomina mantra que será el objeto de la concentración. Otra forma diferente es la meditación mientras se camina. En ella, la atención se centra en cada paso, en el más mínimo movimiento y en las sensaciones que se experimentan. Por otro lado, se encuentra la meditación introspectiva. En este caso, el objetivo no es detener la mente sino que se dejan discurrirr libremente los pensamientos, pero sin detenerse en ellos y sin juzgar su contenido. El meditante es un simple espectador. De este modo, la atención se centra en el momento presente y desaparecen las preocupaciones por el futuro. En este grupo se incluyen técnicas como Vipassana, cuyo origen se atribuye a Buda, que ha sido el método elegido para los experimentos de Davidson y el único del que, según él mismo, existen datos científicos. Una técnica similar, pero surgida en Japón de la mano de la filosofía Zen es el ZaZen. Estos son algunos métodos tradicionales accesibles para cualquier persona sin necesidad de tener que convertirse o profesar ninguna creencia. Es más, Michael Hyland, un profesor de salud psicológica de la Universidad de Plymouth, en Reino Unido, explicaba a la revista Time que "si te quedas mirando a un punto en el otro lado de la habitación y dejas de hablar y de pensar, estarás meditando". 


Cómo hacerse más inteligente, con cada inspiración, LISA TAKEUCHI CULLEN

Los científicos han descubierto que la meditación, no solo reduce el estrés sino que también reorganiza el cerebro. Traducción de un interesante artículo de Time. Publicado: martes 10 de enero 2006

A las 04:30, cuando casi todos se relajan en Wall Street, Walter Zimmermann inicia en vivo una gran actividad de cables y apuestas frente a su audiencia de pago. Aproximadamente 200 inversores institucionales (incluyendo líneas aéreas y compañías petrolíferas) desembolsan hasta 3.000 dólares mensuales por enlazar diariamente, vía web, con su predicción sobre el volátil mercado energético, una actuación que puede mover cientos de millones de dólares. “No me pagan para que me equivoque – eso te lo puedo decir”, dice Zimmermann. Pero a medida que va haciendo clic a través de las docenas de pantallas y gráficos de tres computadores, su imagen es la de un hombre centrado y calmado. Zimmermann, de 54 años, vio como la mayoría de sus colegas en el mercado de futuros energéticos se quemaban hace mucho tiempo. Él no atribuye la resistencia de su agudeza cerebral a un gotero intravenoso de café expresso sino a los 40 minutos que dedica cada mañana y cada tarde a la meditación. Su práctica, dice, me ayuda a mantener la claridad que necesito a la hora de realizar análisis intuitivos y rápidos; incluso a medida que se acerca la hora feliz (el cierre de la bolsa). “La meditación es mi arma secreta”, comenta. Todo el mundo en esta bola de agua sabe que la meditación reduce el estrés. Pero con la ayuda de la avanzada tecnología de un escáner cerebral, los investigadores están empezando a demostrar que la meditación afecta directamente a la estructura y a las funciones del cerebro, modificándolo de una manera que parece incrementar el alcance de la atención, agudizar el enfoque y mejorar la memoria. Un estudio reciente encontró evidencias de que la práctica diaria de la meditación hace que se hagan más densas las partes del córtex cerebral responsables de la toma decisiones, la atención y la memoria. Sara Lazar, científica investigadora en el Hospital General de Massachussets, presentó el noviembre pasado unos resultados preliminares que demostraban que la materia gris de 20 hombres y mujeres que meditaban durante 40 minutos al día, era más densa que la de aquellas personas que no lo hacían. Al contrario que en estudios previos, que se centraban en monjes budistas, los sujetos en esta ocasión eran trabajadores del área de Boston que practicaban un estilo occidental de meditación llamado atención, o meditación interior. “Hemos demostrado por primera vez que no necesitas hacerlo durante todo el día para lograr estos resultados”, dijo Lazar. Y lo que es más, sus resultados sugieren que la meditación podría ralentizar el adelgazamiento natural que esa sección del córtex sufre con el paso del tiempo. Las formas de meditación que están estudiando Lazar y otros científicos implican que el sujeto se centre en una imagen, un sonido, o en su respiración. Aunque resulta aparentemente simple, su práctica parece ejercitar las partes del cerebro que nos ayudan a prestar atención. “La atención es la clave para aprender, y la meditación ayuda a regularla voluntariamente”, dice Richard Davidson, director del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin. Desde 1992, Davidson ha colaborado con el Dalai Lama en un estudio del cerebro de los monjes tibetanos, a quienes él llama “los atletas olímpicos de la meditación”. Usando cubrecabezas equipados con sensores eléctricos y colocándoselos a los monjes, Davidson ha registrado sus poderosas e inusuales ondas gamma, mucho mejor sintonizadas en los tibetanos que en los meditadores novicios. Los estudios establecieron un vínculo entre la sincronía de estas ondas gamma y el incremento en la conciencia. Muchas de las personas que meditan afirman que la práctica restaura su energía, lo cual les permite desempeñar mejor cualquier tarea que requiera atención y concentración. Si así fuera, ¿no sería igual de beneficiosa una siesta a medio día? No, dice Bruce O’Hara, profesor asociado de biología en la Universidad de Kentucky. En un estudio que se publicará este año, sometió a estudiantes de colegio bien a meditación, a sueño o a ver televisión. Después realizó con ellos lo que los sicólogos llaman vigilancia sicomotora, pidiéndoles que apretaran un botón cuando se emitiese una luz sobre una pantalla. Aquellos que habían aprendido a meditar, realizaron el test un 10% mejor; “un salto enorme, estadísticamente hablando”, dice O’Hara. Aquellos que dormitaron lo hicieron significativamente peor. “Lo que implica”, según teoriza O’Hara, “que la meditación podría restaurar la sinapsis, al estilo de lo que sucede cuando dormimos, pero sin el atontamiento inicial”. No es nada sorprendente, dados esos resultados, que un creciente número de compañías (incluyendo a Deutsche Bank, Google y Hughes Aircraft) ofrezcan clases de meditación a sus empleados. Jeffrey Abramson, jefe ejecutivo de Tower Co., empresa de desarrollo afincada en Washington, dice que el 75% de su plantilla asiste a clases gratuitas de meditación trascendental. Hacer que sus empleados sean más listos es solo uno de los beneficios; los estudios dicen que la meditación mejora también la productividad, en gran medida gracias al efecto de prevención de enfermedades relacionadas con el estrés y reduciendo el absentismo. Otro beneficio para los empleados: la meditación parece ayudar a regular las emociones, lo cual en cambio ayuda a que las personas sepan arreglárselas. “Uno de los dominios más importantes donde actúa la meditación es el de la inteligencia emocional; un conjunto de habilidades mucho más consecuentes para el éxito en la vida que la inteligencia cognitiva”, dice Davidson. De modo que, como resolución para el nuevo año que le rendirá grandes beneficios en casa y en la oficina, intente hacer esto: solo respire.


Meditar abre el corazón y la mente

La práctica del budismo logra la conexión entre mente, cuerpo y espíritu para conseguir la tranquilidad ¿Cuántas veces en su vida cotidiana ha sido presa del estrés y del miedo y siente que no puede controlarlo, sobre todo, viviendo en una ciudad donde todo puede pasar.? ¿Qué hace para tranquilizarse? Tal vez una ayuda pueda ser practicar el budismo, pues mediante sus enseñanzas se puede lograr la conexión entre mente, cuerpo y espíritu para conseguir la tranquilidad, aunque no es una tarea sencilla, la concentración y el conocimiento de sí mismo puede traer consigo otros resultados favorables. De acuerdo con Silvia Manzanilla, practicante de budismo desde 1997, esta enseñanza se concibe como una experiencia espiritual que ayuda a abrir el corazón y la mente y se vive por medio del conocimiento directo, a través de la meditación. Los principios de budismo son la compasión y la convivencia armónica y feliz, con el entorno y con nosotros mismos. Su meta final es la liberación, es decir, quitar todas las fuentes del sufrimiento y llevar una vida plena libre de ira, celos, ignorancia, odio y apego. Enseñanza tibetana Esta enseñanza nació en el Tíbet y cuenta con cinco grandes tradiciones espirituales: Nyingma, Kargyu, Sakya, Gelug y Bön, la última ha sido reconocida por el Dalai Lama como la quinta y más antigua. En México se practica en el centro Garuda, Asociación Cultural Tibetana, AC, en donde recientemente estuvo de visita el lama Tenzin Wangyal Rimpoche, uno de los principales maestros en Occidente. Tenzin Wangyal En 1990, Tenzin Wangyal decidió difundir su filosofía en Occidente, el primer lugar fue Estados Unidos, "y aunque la población de ese país es muy racional y sólo acepta aquello que pueda ser comprobado científicamente, el lama tuvo una gran aceptación", explica Silvia Manzanilla. "Sin embargo, cuando visitó la ciudad de México quedó impactado porque dijo que sus habitantes tenían el corazón abierto a sus enseñanzas, al igual que en el Tíbet, razón por la cual nos visita al menos una vez al año", continúa. Lama Tenzin Wangyal nació poco después de que sus padres huyeran de la opresión china en el Tíbet. Tiempo después murió su padre, un lama budista, y su madre, una practicante bön decidió casarse con un lama de su misma religión. A los 10 años, Wangyal ingresó en el monasterio Bön en Dolanji, India y cuando se ordenó monje, Löpon Sangye Tenzin Rimpoché lo reconoció como la reencarnación de Khyungtrul Rimpoche, un erudito, autor, y maestro de meditación, conocido por su habilidad para dominar espíritus. Por este motivo recibió una educación especial y en 1986 obtuvo el grado de Geshe, que corresponde al título de doctorado en filosofía. A los 26 años llegó por primera vez a Italia. Luego viajó a Houston para impartir clases en la Universidad de Rice y desde entonces, mediante diversos apoyos internacionales se ha dedicado a la enseñanza e investigación de la cultura tibetana, la tradición Bön y especialmente Dzogchen. Cambio de vida Para Silvia Manzanilla, miembro del centro Garuda en la ciudad de México, la práctica del budismo le ha transformado la vida. "Desde niña fui una aficionada a todos estos temas; sin embargo, no alcanzaba a entenderlos muy bien. Fue hasta que estaba haciendo una maestría en Canadá cuando asistí a una conferencia y mi vida comenzó a transformarse. Me volví más humana, más respetuosa con los otros y también aprendí a no irritarme fácilmente", dice Manzanilla. Bióloga de profesión, la entrevistada cuenta que el budismo también le ha ayudado a resolver problemas laborales como cuando en una reunión como asesora en una secretaría de gobierno evitó un enfrentamiento, gracias a que aplicó la meditación bön en ese momento. "Con el budismo simplemente buscas abrir tu corazón y ser mejor ser humano", finaliza.


MEDITACION: EXAMEN DE LA HIPÓTESIS DE DESAUTOMATIZACION MEDIANTE LA TAREA DE STROOP

Eduardo Miño, Departamento de Psicobiología, Facultad de Psicología, UNED

RESUMEN: La meditación es una estrategia de autorregulación basada en el adiestramiento de la atención ejecutiva mediante la toma de conciencia del flujo mental automático y espontáneo, y el redireccionamiento de la atención.  Deikman (1966) estableció la hipótesis de la desautomatización de esta actividad mental mediante la meditación, al aplicar este tipo de atención consciente a estímulos ante los que habitualmente se responde de forma automática.  Cuando se pide a un sujeto que no realice ninguna actividad mental sistemática, esta actividad espontánea se presenta como información somática y vegetativa, recuerdos, diálogo interno, imágenes, planificación futura, etc.  Así pues, a través de la meditación se produciría la desautomatización de redes asociativas sobreaprendidas, activadas de «abajo a arriba», lo cual reduciría los efectos automáticos de información aferente.  El paradigma de Stroop se utiliza habitualmente en el estudio de la atención ejecutiva para medir los efectos de la asociación automática entre una palabra y su significado.  Las habituales latencias de respuesta mayores que se producen cuando se responde al color en que se presenta una palabra que denomina a un color incongruente (p. ej., la palabra «rojo» presentada en color azul) se interpretan como el resultado de la lectura automática e inevitable de la palabra.  En este estudio, se planteó la hipótesis de que meditadores con experiencia serían menos susceptibles a la interferencia «stroop» que sujetos sin experiencia en meditación.  17 sujetos voluntarios, informados y remunerados (9 meditadores y 8 no meditadores) se sometieron dos veces a una versión computerizada de la tarea de stroop, entre las cuales medió una intervención diferencial de 15 minutos de meditación (grupo experimental) o de sentarse tranquilamente sin hacer nada (control).  No se hallaron diferencias en interferencia entre los dos grupos durante la primera serie, descartándose efectos a largo plazo de la meditación.  Sin embargo, se encontraron efectos principales debidos a la sesión.  Análisis MANOVA pusieron de manifiesto que los meditadores redujeron su tiempo de reacción significativamente durante la segunda serie, en comparación con los no meditadores (n.s.) en los ensayos incongruentes, lo cual puede deberse a efectos a corto plazo de la intervención de meditación.  Entre otras hipótesis alternativas se barajan un efecto de relajación ante situaciones estresantes, o la intervención de procesos de facilitación de aprendizaje.  No obstante, los resultados encontrados son coherentes con los de estudios similares, y apoyan en parte la hipótesis de desautomatización.Palabras clave:  Meditación, Stroop, Desautomatización*Este estudio se ha realizado en el Sackler Institute for Developmental Psychobiology, Weill Cornell Medical College, Nueva York, gracias a la beca AP98 51360796 otorgada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España al autor.  Un agradecimiento especial a M. I. Posner.


Meditar para sanar, Angeles López

Las terapias alternativas están de moda y parece que cada vez hay más evidencias científicas para recurrir a ellas. Este es el caso de la meditación ya que, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Wisconsin, esta técnica produce más anticuerpos (los agentes defensivos de nuestro organismo) que los que se consiguen con la vacuna de la gripe. Además, su práctica activa zonas cerebrales relacionadas con las emociones positivas.Cada vez existen más lugares especializados en ofrecer cursos para aprender esta técnica. La meditación se utiliza para eliminar todos los pensamientos que continuamente pasan por nuestra cabeza. Ghen Kelsang Tharpa, maestro del centro budista Vajrayana Madrid, explica que se trata de "aprender a 'calmar' la mente, analizar nuestros patrones intelectuales y transformar lo negativo en positivo. Debemos superar las emociones que nos hacen sufrir y cambiarlas por otras que nos abran caminos para conseguir más equilibrio en nuestra vida". Este monje nacido en Inglaterra lleva más de 20 años practicando meditación. Pertenece a la nueva tradición budista Kadampa cuya principal característica es la combinación del estudio y la meditación con un enfoque eminentemente práctico para superar las dificultades de nuestra vida. "Hay que empezar por la respiración", explica Enriqueta Guiloni, directora de los Centros de Retiro Keajraland, o tierra pura, que se encuentran en las faldas de Sierra Nevada, Granada. "Así, empezamos a habituarnos a que nuestro cerebro se centre sólo en una cosa: la respiración". De esta forma el pensamiento se hace más tranquilo y la persona se relaja, "esto se nota en el habla, en su comportamiento e incluso en su trabajo", comenta Enriqueta. Pero no se trata sólo de respirar, hay más ejercicios que se deben realizar como las técnicas de imaginación creativa. "Consiste por ejemplo en 'inhalar' luz y exhalar 'humo oscuro' que serían los problemas", comenta el maestro Tharpa. De esta manera, según este monje, nos vamos desprendiendo de los pensamientos que nos causan dolor y creamos más calma y energía positiva. Si se quiere profundizar en la meditación, es preciso que un maestro la guíe para dar instrucciones y corregir equívocos. Entiende que es una forma de mejorar nuestro estado de salud ya que tendemos a "somatizar las emociones negativas, que son la raíz de nuestros problemas físicos". Datos objetivosLa base científica de este proceso viene explicada por la investigación llevada a cabo por el doctor Richard J. Davidson y sus colaboradores de la Universidad de Wisconsin. En este estudio, publicado en la revista 'Psychosomatic Medicine', participaron 14 empleados de una compañía de biotecnología que recibieron clases de meditación durante una semana y otros tantos que no lo hicieron. También se les pidió que la realizaran en su hogar durante una hora diaria seis días a la semana, con la ayuda de instrucciones grabadas en cintas de audio. Además, todos ellos recibieron la vacuna de la gripe durante ese periodo.Davidson y sus colaboradores registraron la función eléctrica del área izquierda y frontal del cerebro que suele estar más activa cuando la persona experimenta determinadas formas de emociones positivas y una menor ansiedad. Los investigadores midieron esta actividad cerebral en diferentes ocasiones, mientras los empleados descansaban o cuando escribían experiencias de su vida tanto negativas como positivas. También analizaron la respuesta del sistema inmunológico entre los participantes determinando el nivel de anticuerpos producidos tras la vacuna de la gripe. Después de ocho semanas, aquellos empleados que habían practicado la meditación durante todo ese tiempo presentaban más actividad eléctrica en las áreas cerebrales relevantes y mayor nivel de anticuerpos que aquellos participantes que no habían recibido entrenamiento para meditar. El aumento de la actividad cerebral también se relacionó con el incremento de anticuerpos entre los meditantes. "Nuestros resultados indican que un corto programa de entrenamiento para meditar, de forma no muy avanzada, muestra efectos sobre el cerebro y el sistema inmunológico y subrayan la necesidad de nuevas investigaciones sobre las consecuencias biológicas que tiene este tipo de intervención", explica el Dr. Davidson. Gran demandaNo hace falta dedicar mucho tiempo para practicar este tipo de terapia ya que, según el maestro Tharpa, cinco o 10 minutos diarios durante 10 semanas son suficientes para conseguir más calma y energía positiva. Francesca Zúñiga directora del centro City-Yoga, en Madrid, comenta que cada vez son más los adeptos a esta técnica. "En la vida moderna hay muchos factores que interrumpen el contacto con uno mismo (televisión, ordenador....). Tenemos muy poco tiempo para encontrar la estimulación dentro de nosotros, la gente cada día vive con más estrés".

La meditación puede ayudarnos a mejorar nuestra salud y a conseguir paz, "lo que todos buscamos, pero sin tener que dejar nuestra vida cotidiana, y también libertad para poder vivir en armonía con nosotros mismos", afirma el maestro Tharpa que concluye que casi todas las personas que asisten a un curso de este tipo repiten porque "ven que funciona".


¿Existe el universo si no estamos mirando?, publicado en la revista Discover en Español, Julio del 2002

El eminente físico John Wheeler dice que tiene suficiente tiempo para trabajar sólo en una idea: que la consciencia humana da forma al presente y, también, al pasado.Por TIM FOLGER

El mundo parece estarse armando pieza por pieza en esta mañana húmeda y gris en la costa de Maine. En la neblina se materializan primero los abetos y los pinos que cubren High Island. Luego el suelo rocoso, y finalmente el mar, como si el mero acto de estar mirando les haya dado vida. Y tal vez ese sea, en efecto, el caso. Mientras se revela esta brumosa imagen, el residente más notable de la isla habla de las ideas que todavía lo desconciertan después de pasar siete décadas en la física, incluyendo la sensación que tiene de que el universo podría estar emergiendo constantemente de una bruma de posibilidades, que habitamos un cosmos que se ha vuelto real en parte gracias nuestras propias observaciones.John Wheeler, científico, soñador, colega de Albert Einstein y Niels Bohr, mentor de muchos de los físicos más importantes de la actualidad, y el hombre que eligió el nombre "agujero negro" para describir los objetos increíblemente densos, que atrapan a la luz, y que ahora se cree que abundan en el universo, cumplió 90 años el pasado julio. Wheeler es una de las últimas figuras sobresalientes de la física del siglo 20, miembro de una generación que estudió los misterios de la mecánica cuántica y delineó los alcances más remotos del espacio y el tiempo. Después de toda una vida de contribuciones fundamentales en campos que van desde la física atómica hasta la cosmología, en los últimos años se ha concentrado en lo que él llama "ideas para ideas"."Sufrí un ataque al corazón el 9 de enero del 2001", dice. "Pensé: "Me queda un tiempo limitado, por eso me concentraré en una sola interrogante: ¿Porqué la existencia? ¿Por qué existe el universo? Wheeler cree que la búsqueda de una respuesta a esa interrogante, inevitablemente, conlleva tratar de comprender las implicaciones de uno de los aspectos más extraños de la física moderna: Según las reglas de la mecánicacuántica, nuestras observaciones influyen en el universo en los niveles más fundamentales. Los límites entre un "mundo exterior" objetivo y nuestra propia consciencia subjetiva, que parecían estar tan claramente definidos por la física antes de los misteriosos descubrimientos del siglo XX  se confunden en la mecánica cuántica. Cuando los físicos analizan los constituyentes básicos de la realidad los átomos y su interior, o las partículas de luz llamadas fotones lo que ven depende de cómo han organizado su experimento. Las observaciones de un físico determinan si un átomo, por ejemplo, se comporta como una onda fluida o una partícula dura, o qué camino sigue al viajar de un punto a otro. Desde la perspectiva cuántica, el universo es un lugar de intensa actividad interactiva. Wheeler asume el punto de vista cuántico, y se basa en él. Fue uno de los primeros defensores del principio antrópico, la idea de que el universo y las leyes de la física están coordinadas para permitir la existencia de la vida. Durante las últimas dos décadas, sin embargo, se ha enfocado en una idea para una idea más provocativa, algo que llama génesis de observación. Sugiere que nuestras observaciones podrían en realidad contribuir a la creación de una realidad física. Para Wheeler no somos simples observadores en una escala cósmica; somos creadores viviendo en un universo partícipe.Wheeler sospecha que el universo esta construido como un enorme circuito cerrado de retroalimentación, a cuyo constante desarrollo nosotros contribuimos, no sólo creando el presente y el futuro, sino también el pasado. Para ilustrar su teoría, ha creado lo quellama su "experimento de opción demorada", que añade una asombrosa variante cósmica a un fundamento de la física cuántica: el clásico experimento de división en dos.El experimento es muy extraño, incluso sin añadirle la extravagancia de Wheeler. Ilustra un principio crucial de la mecánica cuántica: La luz tiene una naturaleza doble. A veces se comporta como una partícula compacta, un fotón; y a veces parece comportarse como una onda que se extiende en el espacio, como las ondas en un estanque. En el experimento, la luz -una corriente de fotones- brilla entre dos divisiones paralelas y llega a una cinta de película fotográfica detrás de las divisiones. El experimento puede realizarse de dos maneras: con detectores de fotones al lado de cada división que permite a los físicos observar los fotones a su paso, o sin los detectores, lo que permite a los fotones viajar sin observados. Cuando los físicos utilizan los detectores de fotones, el resultado es como se esperaba: se puede ver cada fotón pasar por una división o por la otra. En otras palabras, los fotones actúan como partículas. Pero cuando se retiran los detectores, ocurre algo inesperado. Uno podría esperar ver dos grupos definidos de puntos en la película, correspondiendo al lugar donde los fotones individuales llegan luego de pasar en forma aleatoria por una división u otra. Pero en lugar de eso, aparece un dibujo de líneas alternadas de luz y oscuridad. Ese dibujo sólo podría producirse si los fotones se estuvieran comportando como ondas. El resultado del experimento depende de lo que los físicos están tratando de medir.Wheeler ha concebido una versión a escala cósmica de este experimento. Donde el experimento clásico demuestra que las observaciones de los físicos determinan el comportamiento de un fotón en el presente, la versión de Wheeler muestra que nuestras observaciones en el presente pueden afectar cómo un fotón se comportó en el pasado.Para demostrarlo, dibuja un diagrama. Imaginemos, dice, un cuásar una joven galaxia muy remota y luminosa. Supongamos que en la tierra algún astrónomo decide observar los cuásares. En este caso el telescopio hace el papel del detector de fotones en el experimento de dos divisiones. Esta es la parte extraña. El quasar estaría muy lejos de la tierra, con una luz tan débil que sus fotones tocarían la película sólo uno a la vez. Y eso no es todo. Cuando el astrónomo haya decidido que mediciones hacer -si forzar al fotón a una ruta definida o dejar que siga ambos caminos- el fotón ya habrá viajado durante miles de millones de años, mucho antes de que aparezca la vida en la tierra. Las mediciones hechas ahora, dice Wheeler, determinan el pasado del fotón. En un caso el astrónomo crea un pasado en el que el fotón tomó las dos rutas posibles del cuásar a la Tierra. Alternativamente, obligan en forma retroactiva al fotón a seguir una ruta directa hacia su detector, pese a que el fotón inició su recorrido antes de que existieran los detectores.Podría descartarse el experimento de Wheeler como una idea curiosa, excepto por un hecho: ha sido demostrada en un laboratorio. En 1984 los físicos de la Universidad de Maryland establecieron una versión de mesa del escenario de opción demorada. Utilizando una fuente de luz y un arreglo de espejos para proveer numerosas rutas para fotones, los físicos pudieron demostrar que los caminos que siguieron los fotones no se precisaron hasta que los físicos tomaron las mediciones, incluso si éstas fueron hechas después que los fotones ya habían salido de la fuente de luz y habían iniciado su circuito entre el camino de espejos.Wheeler conjetura que somos parte de un universo que es un trabajo en marcha; somos diminutos parches del universo que nos observamos y nos construimos a nosotros mismos. No sólo es que el futuro todavía no esté determinado, tampoco lo está el pasado. Y al escudriñar en el pasado,. Inclusive hasta llegar a la Gran Explosión, nuestras actuales observaciones seleccionan una de muchas opciones cuánticas posibles para el universo.¿Significa esto que los humanos somos necesarios para la existencia del universo? Si bien los observadores conscientes ciertamente colaboran con la creación del universo partícipe visualizado por Wheeler, no sólo la única forma, ni siquiera la fundamental, en que los potenciales cuánticos se vuelven reales. La materia ordinaria y la radiación tienen el papel dominante. A Wheeler le agrada utilizar el ejemplo de una partícula de alta energía liberada por un elemento radiactivo como el radio, en la corteza terrestre. La partícula, al igual que los fotones en el experimento de dos divisiones, existe en muchos estados posibles simultáneamente, viajando en toda dirección posible, no real ni sólida hasta que influye recíprocamente con algo, como un fragmento de mica en la corteza terrestre. Cuando eso sucede, un de esos muchos probables resultados se vuelve real. En este caso la mica, no un ser consciente, es el objeto que transforma lo que podría suceder en lo que realmente sucede. La huella de átomos interrumpidos que deja en la mica la partícula de alta energía se vuelve parte del mudo real.Según Wheeler, en todo momento el universo está lleno de eventos como ese, donde los posibles resultados de infinitas interacciones se hacen realidad, donde la infinita variedad inherente a la mecánica cuántica se manifiesta como un cosmos físico. Ynosotros sólo vemos una parte infima de esos cosmos. Wheeler sospecha que la mayor parte del universo consiste en gigantescas nubes de incertidumbre que no han interactuado con un observador consciente, ni siquiera con un fragmento de materia inanimada. Ve el universo como una gran arena que contiene reinos donde el pasado aún no está determinado.Wheeler es el primero en admitir que esta es una idea difícil de comprender. No es siquiera una teoría, sino más bien una institución sobre lo que podría ser la teoría final de todo. Es una pista tenue, un indicio de que el misterio de la creación podría no residir en un distante pasado, sino en el presente vivo. "Este punto de vista es lo que me da esperanzas de que la pregunta ¿Porqué la existencia? pueda ser respondida", dice."Uno podría preguntarse si el universo realmente existía antes de que comenzara a mirarlo", dice. cuando observamos el universo, lo máximo que podemos decir es que parece haber existido hace 10.000 millones de años".Linde cree que la institución de Wheeler sobre la naturaleza participe de la realidad probablemente esté en lo cierto. Pero difiere en un punto crucial. Linde cree que los observadores conscientes son un componente esencial del universo, y no pueden ser reemplazados por objetos inanimados.

"El universo y el observador existen unidos", dice Linde "Sólo se puede decir que el universo existe cuando hay un observador que puede decir, Sí, puedo ver el universo allí. Esas pequeñas palabras parece que estuviera allí podrían no tener mucha importancia desde un punto de vista práctico, pero yo, como ser humano, no veo ninguna lógica ni sentido en afirmar que el universo existe sin observadores. Estamos juntos, el universo y nosotros. No puedo comprender que alguien diga que el universo existe sin observadores. No encuentro ninguna lógica en eso. No puedo imaginar una teoría consistente de todo, que ignore la consciencia. Una grabadora no puede reemplazar  al observador, porque,  ¿Quién interpretará lo que ha grabado? Para que nosotros podamos ver que algo ocurre, y decirnos unos a otros que algo ocurre, es necesario que tengamos un universo, es necesario que haya una grabadora que lo registre, y es necesario que estemos nosotros. No es suficiente que la información quede archivada en algún lugar, completamente inaccesible para todos. Es necesario que alguien la vea. Necesitamos un observador que mire el universo. En ausencia de observadores, nuestro universo está muerto".